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La ética de dejar ir a alguien

Por qué el liderazgo ético exige el coraje de separarse con claridad, compasión y conciencia de las consecuencias
11 de julio de 2025 por
La ética de dejar ir a alguien
Paolo Maria Pavan

I. La pregunta incómoda que todos evitamos

Permíteme comenzar no con cifras, sino con un recuerdo.

Era comienzos de la primavera, Ámsterdam seguía gris. Acababa de firmar una notificación de despido, un acto que había postergado durante meses. Ella no estaba fallando en su trabajo. Era amable, leal y bien intencionada. Pero su mentalidad se había quedado congelada en el tiempo, y la empresa no. La diferencia entre lo que ella podía ofrecer y lo que ahora necesitábamos se había convertido en un impuesto diario, no solo sobre el rendimiento, sino sobre la moral colectiva.

Ese día no solo despedí a una empleada. Me enfrenté a una verdad más profunda: en el emprendimiento, la ética no se trata de intenciones, se trata de consecuencias.

II. Por qué este tema duele más que otros

Dejar ir a alguien es uno de los actos de liderazgo con mayor carga ética. No porque sea evitable, sino porque tan a menudo se maneja en silencio, con vergüenza o negación.

Confundimos amabilidad con demora.

Confundimos lealtad con inercia.

Confundimos evitar el conflicto con proteger la dignidad.

Y al hacerlo, rompemos la confianza: tanto con la persona que mantenemos demasiado tiempo, como con quienes la rodean y cargan con el peso de la disfunción.

Seamos claros: mantener a la persona equivocada es más antiético que dejarla ir con claridad y cuidado.

III. Las cifras que no queremos ver

Aquí va una cifra que rara vez veo en los informes de gestión:

€23,400.

Ese es el coste anual promedio de mantener a un empleado desalineado en una empresa europea de 15 personas. No en salario, sino en pérdida de sinergia, fricción en el equipo y corrección de errores con clientes.

En términos de GRC, esto se llama “arrastre estructural”.

En términos humanos, se llama resentimiento en la sala de descanso.

Enseñamos a los CEOs a calcular el EBITDA, pero siguen ciegos ante el impuesto silencioso de la desalineación. No aparece en QuickBooks. Aparece en el agotamiento del equipo, la resistencia pasiva y la frase trágica: “es más fácil si lo hago yo mismo.”

IV. ¿Qué hace que un despido sea ético?

Solo hay dos preguntas que realmente importan:

  1.  ¿Le diste a la persona toda la información, el contexto y la retroalimentación que necesitaba para evolucionar?
  2.  Si fuera tu hermano o hermana, ¿querrías que permaneciera en un rol que ya no respeta su potencial ni encaja con sus habilidades?

Despedir a alguien de forma ética no significa hacerlo sin dolor. Significa hacerlo con propósito.

  •  ¿Fue el proceso transparente?
  •  ¿Se documentaron y discutieron las expectativas?
  •  ¿Se ofrecieron coaching y alternativas antes de emitir un juicio?
  •  ¿La decisión quedó registrada de una manera que demuestre cuidado, no solo cumplimiento?

Si la respuesta es “sí”, no estás despidiendo. 

Estás liberando.

Ese es el acto ético: liberar a alguien de una historia que ya no le pertenece, antes de que dañe tanto a la persona como a la historia.

V. Las palabras adecuadas cuando tienes que hacerlo

Muchos gerentes preguntan: “¿Qué debo decir cuando tengo que despedir a alguien?”

Esto es lo que yo digo, palabra por palabra:

“Esta decisión no es un juicio sobre tu valor como persona. Es un tema de alineación entre lo que la empresa necesita ahora y el lugar donde mejor pueden expresarse tus fortalezas. Asumo plena responsabilidad por la claridad y el contexto que recibiste (o no recibiste). Hoy no se trata de culpas. Se trata de liberación. Mereces crecer en otro lugar. Y debemos honrar eso con honestidad.”

Luego, hago una pausa.

Y escucho.

El silencio, en ese momento, es más ético que cualquier justificación.

VI. Una nota para quien ha sido despedido

Si estás leyendo esto desde el otro lado de la mesa, si te han despedido, debes saber esto:

Ser despedido no es un rechazo. Es una redirección.

A veces, lo más ético que el mundo puede hacer por ti es forzarte a corregir un rumbo que no tuviste el valor de corregir por ti mismo.

Tu valor no ha cambiado.

El contenedor que te rodeaba, sí.

Encuentra uno nuevo. O constrúyelo.

VII. La verdadera medida del liderazgo

El liderazgo no se demuestra por cuánto tiempo mantienes a las personas.

Se demuestra por cuán valientemente las liberas cuando el momento lo exige y por cuán claramente separas la dignidad humana de la necesidad organizacional.

Cuando tememos dejar ir a alguien, no los estamos protegiendo a ellos.

Estamos protegiendo nuestro propio miedo a ser mal vistos, malinterpretados o considerados crueles.

Pero la ética, como el fuego, refina a través de la incomodidad.

Y en esa incomodidad reside el verdadero deber de la gobernanza: no preservar la comodidad, sino proteger el futuro.

Reflexión final

Despedir a alguien no es el final de la ética.

Es el comienzo.

No lo hagas a la ligera.

Pero tampoco lo demores por culpa.

Porque, al final del día, lo más antiético que un líder puede hacer es confundir ser amable con ser justo.

Y la justicia, la verdadera justicia,  exige claridad, tiempo y verdad, incluso cuando duele.

La ética de dejar ir a alguien
Paolo Maria Pavan 11 de julio de 2025
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