Cuando la facturación aumenta, la mayoría de los emprendedores se centran en el IVA, el personal y el flujo de caja. Menos miran su propio salario. Sin embargo, para los directores de una BV holandesa, esa cifra, el uso común, o salario habitual, puede convertirse silenciosamente en un punto débil en un negocio que de otro modo es saludable.
La regla es simple en principio. Si eres un director-accionista mayoritario (DGA), debes pagarte un salario que se considere “habitual” para tu rol. En la práctica, esto significa al menos el monto mínimo legal establecido cada año, a menos que puedas justificar claramente pagar menos. La idea detrás de la regla es sencilla: las autoridades fiscales no quieren que se deje beneficio en la BV o se pague como dividendos mientras el director recibe un salario artificialmente bajo.
Donde se complica es cuando la facturación crece significativamente, pero el salario del director se mantiene en el mínimo. Una facturación alta y estable señala actividad económica y capacidad de ganancia. Si la empresa genera ingresos y beneficios sólidos, pero el CEO permanece en el salario más bajo permitido año tras año, esa discrepancia puede atraer atención. No porque el crecimiento sea un problema, sino porque plantea la pregunta: ¿realmente ganaría tan poco alguien en esta posición, en una empresa comparable?
Para un microempresario, esto no es un debate fiscal abstracto. Toca directamente el flujo de caja y la planificación fiscal. Pagarte un salario más alto significa mayores impuestos sobre la nómina y contribuciones a la seguridad social ahora. Mantener el salario bajo y tomar dividendos puede parecer más eficiente. Pero si las autoridades fiscales deciden más tarde que el salario no era realista, pueden corregirlo retroactivamente. Eso significa impuestos sobre la nómina adicionales, posibles intereses y estrés innecesario, a menudo años después de los hechos.
Recientemente vi una pequeña consultoría con una facturación muy por encima de medio millón de euros. La directora se pagó a sí misma el mínimo legal, argumentando que las ganancias se reinvertían. Eso puede ser un argumento válido, pero solo si las finanzas lo respaldan claramente. En su caso, las ganancias eran saludables y las reservas cómodas. El nivel de salario ya no coincidía con la realidad económica del negocio. El riesgo no era dramático, pero era real y evitable.
La clave es la proporcionalidad. ¿Tu salario refleja tus responsabilidades, la rentabilidad de tu empresa y lo que ganaría alguien más en un rol similar? Si decides mantenerte por debajo de lo que parece razonable, asegúrate de poder justificar por qué. Piensa en reinversiones estructurales, caídas temporales o benchmarks del sector. Pon el razonamiento por escrito. El silencio no es una estrategia.
Para los propietarios de pequeñas empresas, esto se trata menos de maximizar la eficiencia fiscal y más de coherencia. Tu salario cuenta una historia sobre tu empresa. Cuando esa historia se alinea con los números, reduces la fricción con las autoridades fiscales y creas claridad para ti mismo. A veces, un ajuste modesto hacia arriba, planificado, calculado y documentado, es suficiente para mantener las cosas equilibradas.
El crecimiento es bueno. Pero a medida que tu negocio evoluciona, tu propia posición dentro de él también debe evolucionar. Una empresa saludable merece un salario que tenga sentido.


